Andando el camino con una paleta de colores en la mano...

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miércoles, 20 de abril de 2011

Salto de conciencia, con el agua y la tierra

Cambios tremendo últimamente. Los recientes terremotos que empezaron en Nueva Zelanda, y continuaron en Japón concluyendo con la tremenda tsunami que tanto ha traído.
Estaba leyendo ayer algunas canalizaciones y una de ella hablaba de la medicina del agua, la cual involucra "humildad, soltar todo, dejarse ir".
Medicina es lo que nos han dejado todo todos estos movimientos. Para mi fueron tan fuertes que un día antes de que ocurriera la tsunami tenía tanta ansiedad y a partir de ahí tuve que atender mucho mi cuerpo físico y emocional, ya que me vi en la necesidad de estar descansando tres días seguidos postrada en mi cama, literalmente.
Mucho que soltar, mucho que confrontar. Esos días y días previos curiosamente me había dormido recitando algunos mantras de protección.
De acuerdo a la filosofía de vida esotérica, esta masiva partida de tantas almas contribuyó al incremento de la conciencia planetaria, he leído que ellas tenían este contrato para facilitar la ascensión de la humanidad.
Y de esto se derivan varias cosas: entre ellos la puesta en tela de juicio del manejo de la energía nuclear que ha salido de las manos y del aparente control del ser humano, lo cual a corto plazo sin duda traerá nuevas investigaciones para encontrar opciones más seguras de energía y que no sean agresivas con nuestra Madre Tierra. Es muy curioso que esta pérdida del control en las plantas nucleares se dé precisamente en Japón, país que fue el primero en experimentar en carne propia, en carne viva, las consecuencias del manejo irresponsable e irrespetuoso de la energía nuclear durante la segunda guerra mundial con las explosiones de las bombas en Nagasaki y en Hiroshima.
También la vida de los delfines y de las ballenas, los guardianes del mar, era muy poco respetada por muchos pescadores japoneses.
Todo es energía y la energía que damos es la que recibimos de vuelta, de acuerdo con la ley del boomerang.
Y lo mismo sucede en muchos otros lugares del mundo, incluido mi México querido.
Los planetas, el sol, todos formamos parte de esta danza de fuego, de agua, de aire y de tierra, esta danza de limpieza, para recobrar la armonía, el equilibrio y el balance perdido.
Todos juntos estamos trabajando para traer el cielo a la tierra, y re-crear nuestra realidad en este bello planeta azul. Gaia, nuestra querida madre, está reconstituyéndose, rehaciéndose, y por consiguiente todos nosotros sus hijos estamos haciéndolo también, y el Universo completo con todos muchos de sus habitantes están apoyando el proceso.
Nos toca a nosotros estar centrados, estar en el centro de nuestro universo, en balance y armonía. Dentro de la filosofía mesoamericana, cada individuo es sagrado, somos el centro del universo, somos un "axis mundi"conectados con el inframundo y con el mundo celestial y viviendo en la tierra y a medida que logramos estar en equilibrio con nuestro entorno, representado por varias energías guardianas de los cuatro rumbos, es entonces que podemos contribuir al equilibrio universal, cada uno de nosotros es importante y esencial para la armonía total.

Por ello cuando nos sanamos, estamos sanando a la humanidad completa, tanto la que vive ahora, como a la que vino antes de nosotros, por lo menos siete generaciones antes de nosotros se benefician de nuestros procesos de sanación y lo mismo sucede con las que vienen después.
Al sanarnos hablo de enfrentarnos fuerte con nuestro inframundo, con nuestra oscuridad, con la energía que representa Tezcatlipoca, y abrazarla, amarla y soltarla, para que la luz llegue, para que Quetzalcoatl como Tlahuizcalpantecuhtli llegue a nuestra vida.
Es conocernos, es adentrarnos en nosotros, es llegar a nuestra esencia, llegar a la médula de nuestro ser.

Desde mi camino sacbé...
Un abrazo